La Maquinaria del Mal: La columna vertebral del imperio Marvel
Hace
mucho tiempo, antes de que el Universo Cinematográfico de Marvel (UCM) fuera el
titán corporativo indiscutible de la taquilla, el estudio se jugó la vida en un
experimento sin precedentes. Al ver en retrospectiva su Fase Uno —desde Iron
Man (2008) hasta Los Vengadores (2012)—, es inevitable pensar en el
titánico desafío que enfrentaron. Pero si miramos de cerca, más allá de la
ruidosa pirotecnia visual y el heroísmo manufacturado, nos damos cuenta de algo
preocupante: la verdadera columna vertebral de estas películas fueron sus
villanos, utilizados tristemente como motores desechables para engrandecer al
héroe.
¿Fueron
antagonistas memorables o simplemente un reflejo oscuro para vender boletos?
Entremos en materia.
Empecemos
con la piedra fundacional: Iron Man (2008). Aquí nos presentaron a
Obadiah Stane, quien terminaría enfundado en la armadura del Iron Monger. A
diferencia de los loquitos que quieren dominar el mundo por capricho, la
motivación de Stane era el capitalismo puro y caníbal. Quería el control total
del mercado bélico y no dudó en traicionar a su "hijo adoptivo", Tony
Stark. Al final, Stark no gana por fuerza bruta, sino por intelecto, haciendo
que Pepper Potts sobrecargue el Reactor Arc para electrocutarlo y dejar que la
misma energía que codiciaba lo consumiera. Con un presupuesto modesto para los
estándares actuales (unos 140 a 150 millones de dólares), la cinta fue un éxito
rotundo recaudando más de 585 millones. Lo rescatable y casi poético es que el
traje original se hizo con efectos prácticos. Sin embargo, Robert Downey Jr.
odió tanto usarlo por su peso, que sentenció a la franquicia a una dolorosa
manía y dependencia absoluta hacia el CGI en el futuro. Aún así, la crítica la
amó, dándole un 94% de aprobación.
Pero
luego llegó el verdadero tropiezo, una cinta donde el mayor conflicto estuvo
fuera de la pantalla: Hulk: El Hombre Increíble (2008). Emil Blonsky es
un soldado movido puramente por la soberbia biológica y la adicción al combate.
Se inyecta la sangre irradiada de Bruce Banner para mutar en la grotesca
Abominación. El clímax es pura destrucción digitalizada en Harlem, donde Hulk
lo derrota estrangulándolo con una cadena, pero dejándolo vivir en un
sorpresivo destello de humanidad. ¿Qué causó el revuelo aquí? El brutal choque
de egos. Edward Norton había reescrito el guion para darnos un drama
psicológico profundo, pero la cúpula directiva cortó de tajo casi 45 minutos de
desarrollo emocional en la sala de edición para forzar una película de acción.
Esto desató una guerra pública. Kevin Feige emitió un comunicado tajante
diciendo que Norton no regresaría porque carecía de "espíritu
colaborativo". El agente de Norton respondió furibundo, calificando el
despido como "difamatorio" y motivado por dinero. Como resultado, en
la Comic-Con de 2010 tuvimos a Mark Ruffalo asumiendo el papel en lo que él
mismo describió como un momento sumamente "incómodo" y
"extraño" ante los fans. Ruffalo le imprimió una torpeza encantadora
que el público abrazó , pero la película de Norton pagó los platos rotos: costó
150 millones, recaudó apenas 263.4 millones y se quedó con un triste 67% de
aprobación de la crítica, sintiéndose como el hijo olvidado del estudio.
Desde
mi perspectiva, el personaje de Bruce Banner es uno de los más complejos
psicológicamente, por lo cual, me habría gustado ver el desarrollo psicológico
que planteaba Norton, entregando así un Banner y un Hulk con una personalidad
quizá muy diferente a la de Ruffalo. Pero sin lugar a dudas, la interpretación
de este último, fue muy buena.
Brincaremos
entonces a Iron Man 2 (2010), una cinta que cae por su propio peso
corporativo. Aquí tenemos a Ivan Vanko (Whiplash) y Justin Hammer. El primero
busca venganza por el abandono de su padre en la Guerra Fría; el segundo es la
envidia corporativa personificada que intenta copiar el éxito de Stark. Al
final, Iron Man y War Machine cruzan sus rayos repulsores para destruir la
armadura de Vanko. ¿Los números fríos? Costó unos colosales 200 millones y
recaudó casi 624 millones. Pero aquí la sombra de la avaricia empezó a notarse:
el exceso de CGI y una trama forzada para vender futuras películas hicieron que
la crítica le bajara el pulgar a un tibio 72%. Una secuela construida con
calzador.
Para
2011, Thor nos regaló la joya oculta del antagonismo: Loki. Un drama
shakesperiano dirigido por Kenneth Branagh, donde la perfidia de Loki no nace
de la maldad, sino del trauma y el rechazo paternal al descubrir que es un
Gigante de Hielo adoptado. Su plan no es gobernar, sino destruir su propio
planeta natal (Jotunheim) para ganarse el amor de Odín. Thor se ve obligado a
romper el puente Bifrost para detenerlo, y Loki, destrozado ante el
"no" rotundo de su padre, se deja caer al vacío cósmico. A pesar de
que el choque entre la mágica Asgard y un pueblo aburrido de Nuevo México
desentonaba a ratos, la cinta y su drama familiar convencieron a la crítica
(77% de aprobación).
Poco
después nos entregaron Capitán América: El Primer Vengador (2011). Un
regreso a los valores tradicionales. Johann Schmidt (Red Skull) es el
maniqueísmo absoluto, un nazi esotérico cuyo rostro desfigurado es el reflejo
de la corrupción interna que le provocó el suero defectuoso. Es el espejo
oscuro de lo que hubiera sido Steve Rogers sin su bondad. Su derrota es
kármica: su soberbia lo lleva a tomar el Teseracto con sus manos desnudas y es
desintegrado hacia el espacio. Costó unos 140 millones y recaudó 370.5 millones
en taquilla. Lo rescatable y destacable fue el brillante uso del CGI para
encoger el cuerpo de Chris Evans en la primera mitad, sumado a una ambientación
de época que nos sitúa perfectamente en la Segunda Guerra Mundial, lo que le
valió un muy sólido 80% de la crítica.
Y
finalmente, la consolidación del imperio: Los Vengadores (2012). Loki
regresa radicalizado, creyendo que la humanidad anhela ser sometida, y trae
consigo a la horda Chitauri. Su mayor error táctico es su ego desmedido, que le
impide mantener la frialdad. Su derrota es tan humillante como cómica: Hulk lo
estampa contra el piso como a un muñeco de trapo, dejándonos la icónica línea
de "Dios débil". El titánico desafío técnico y la inversión de hasta
225 millones de dólares se tradujeron en la locura de más de 1,515 millones
recaudados a nivel mundial. La crítica se rindió (91% en Rotten Tomatoes) y el
público le dio un aplauso ensordecedor.
Haciendo
un repaso por todas estas entregas, queda claro que Marvel forjó un imperio
incuestionable, todas y cada una de las películas funcionando
independientemente y al mismo tiempo uniendo poco a poco lo que fue su gran lanzamiento.
Pero Disney y Marvel necesitan entender algo vital: salvo honrosas excepciones
como Loki, este estudio tomó la costumbre de desechar a sus villanos apenas
cumplen su función de hacer brillar a los héroes de turno. Demostraron que
prefieren ahogar la visión de un autor, como pasó con Norton, para privilegiar
la maquinaria de su logotipo y una cadena de montaje amigable. Es válido
experimentar y crear universos, pero si el camino a seguir es convertir al cine
en una fábrica de resoluciones rápidas y abuso digital, seguirán cayendo en la
trampa que desensibiliza al espectador.
Mi
crítica termina aquí, pero tu experiencia apenas comienza. Sumérgete en esta
retrospectiva, vívela y déjame saber qué te hizo sentir.
Por Fer Vázquez

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