CODA: El sonido del silencio y el triunfo del corazón


Hace poco fue la temporada de entrega de los premios Óscar y, con ello, llegaron nuevas películas para ver, o quizá la oportunidad de recordar alguna que ya hayamos disfrutado. Pero… ¿alguien coincide realmente con los ganadores elegidos por la Academia? Esa es una pregunta que solo puede responderse de forma personal, porque valorar una cinta, más allá de los aspectos técnicos, es una experiencia íntima.

Recuerdo que hace muchos años, mucho antes de analizar las cosas que ahora les comparto, veía la gala y, si no ganaba mi película favorita, me preguntaba: ¿por qué no hacen unos premios donde el público vote? O también, ¿en qué están pensando los jueces para no ver que la otra era mejor? Mi visión era demasiado idealista y estaba lejos de la realidad.

Si bien a menudo se dice que los premios de la Academia son una mafia o que ya saben quién va a ganar desde las nominaciones, quizá sea solo una forma de consolar nuestras propias decepciones. Aunque los votantes sean eruditos del séptimo arte, conozcan de estructuras y analicen cuadro por cuadro cada estreno del año, la subjetividad siempre influye, porque así es como se aprecia el arte: desde el sentimiento.

Seguro te estarás preguntando al leer estas líneas de qué trata la columna de hoy o en qué momento entraremos en materia. La respuesta es simple: era necesario aprovechar la efervescencia de los premios para hablar de una película del 2021 que llegó calladita y se llevó tres estatuillas en categorías principales: Mejor Película, Mejor Guion Adaptado y Mejor Actor de Reparto. Hablemos de CODA: Señales del corazón.

Empezando con una breve reseña y de dónde viene: CODA (acrónimo en inglés para Child of Deaf Adults o Hija de Adultos Sordos) nos cuenta la historia de Ruby Rossi, la única integrante con capacidad auditiva en una familia sorda que se dedica a la pesca en Massachusetts. Mientras ayuda a sus padres y hermano a comunicarse con el mundo, descubre una pasión arrolladora por la música.

Lo fascinante de su guion, a cargo de la directora Siân Heder, es que es una adaptación de la exitosa película francesa La Famille Bélier (2014). Pero Heder no hizo un simple copia y pega gringo; tomó el esqueleto de la historia, cambió la granja lechera europea por una comunidad pesquera de clase trabajadora en Estados Unidos, y la dotó de una crudeza y autenticidad que la versión original apenas rozaba.

La magia en lo técnico y los desafíos superados: A diferencia de los excesos de CGI de Disney (de los que hablamos en la edición anterior) o las atmósferas recargadas de los universos de terror, CODA brilla justamente por su sencillez. Aquí, los aspectos técnicos y la fotografía están al servicio de la historia: aprovecharon la luz natural y unas paletas de colores cálidos y húmedos, muy típicos de la costa, apoyados por una dirección de cámaras que te hace sentir como un habitante más de esa casa. Un acierto tremendo fue evitar los clásicos close-ups al rostro; en su lugar, se atrevieron a usar encuadres más abiertos para capturar todo el lenguaje corporal de los actores al comunicarse con señas, algo fundamental para conectar con ellos.

Pero, ojo, que lograr esta naturalidad requirió superar desafíos inmensos. Para empezar, la directora tuvo que aprender Lengua de Señas Americana (ASL) solo para poder comunicarse y dirigir a su elenco. Además, aferrarse a filmar en barcos pesqueros reales trajo un sinfín de problemas logísticos, pero era un sacrificio necesario. Esa textura a "manos sucias, sal de mar y trabajo duro" es exactamente lo que te hace creerte por completo el mundo de la familia Rossi.

Una curiosidad que salvó la película: Aquí va un dato que pocos saben y que lo cambió todo: los productores querían a estrellas de Hollywood (oyentes) para fingir ser sordos y asegurar la taquilla. Sin embargo, Marlee Matlin, la legendaria actriz sorda que interpreta a la madre de Ruby, amenazó con abandonar el proyecto si no contrataban a actores sordos reales para interpretar a su esposo y a su hijo.

Gracias a ese ultimátum, tuvimos a Daniel Durant y al monumental Troy Kotsur. Kotsur, quien interpreta a Frank, el padre, improvisó muchas de sus líneas más cómicas e inapropiadas en lenguaje de señas. Esa química familiar que vemos en pantalla no se actúa, se respira.

La música como puente (La música del silencio): En una película sobre la sordera, la música irónicamente es el hilo conductor. Y no hablo de una banda sonora épica, sino de cómo el sonido se usa como herramienta emocional. El clímax de la cinta, cuando Ruby canta "You're All I Need to Get By" en su recital y de repente el audio de la película se corta por completo, es una genialidad. La directora nos arranca de nuestra comodidad de espectadores oyentes y nos mete en los zapatos (y los oídos) de la familia, obligándonos a ver la música a través de las sonrisas y lágrimas del público a su alrededor.

Por no mencionar la desgarradora escena donde Frank le pide a Ruby que le cante mientras él toca sus cuerdas vocales para sentir la vibración. Es cine puro, sin pretensiones.

Los números fríos frente al corazón ardiente: En términos de presupuesto, la película fue súper modesta: costó apenas unos 10 millones de dólares. Cuando se estrenó en el Festival de Sundance, causó tanto impacto que Apple compró sus derechos de distribución por 25 millones de dólares, un récord absoluto en el festival. Aunque en taquilla tradicional apenas superó los 2 millones (debido a su estreno simultáneo en streaming y los estragos de la pandemia), su alcance en Apple TV+ fue masivo.

Tanto la crítica como el público cayeron rendidos. Los críticos alabaron la calidez humana y la visibilidad de la comunidad sorda sin caer en la lástima, mientras que el público (el juez más difícil, como decíamos al principio) le dio el codiciado Premio del Público en Sundance. Te reto a encontrar a alguien que no haya derramado al menos una lágrima viéndola.

Gloria y estatuillas: La temporada de premios fue un desfile de triunfos. Arrasó en los SAG Awards (los premios del sindicato de actores) y culminó en la noche de los Óscar ganando todo a lo que estaba nominada. Troy Kotsur hizo historia al convertirse en el primer actor sordo en ganar un Óscar.

En conclusión CODA no inventa el hilo negro, ni falta que le hace. Tiene una estructura de "historia de crecimiento" bastante clásica, pero está ejecutada con tanto amor, empatía y respeto que te desarma. Nos demuestra que no se necesitan 200 millones de dólares, una inclusión forzada ni universos interconectados para hacer buen cine. A veces, solo necesitas una buena historia sobre una familia imperfecta intentando entenderse, un gran guion y actores que hablen desde el corazón, con o sin sonido.

A veces, el silencio grita más fuerte que cualquier diálogo sobreexplicado. Sumérgete en esta historia, vívela y déjame saber lo que te hizo sentir.

Por Fer Vázquez

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Ron da error: Un amigo fuera de la caja (La joya oculta de la animación)

Conjuro 4: Últimos Ritos (La última historia de los Warren)

Soul: Cuando Pixar dejó de hablarle a los niños para confrontar a los adultos.