Conjuro 4: Últimos Ritos (La última historia de los Warren)


Al ver esta cinta, es inevitable rememorar el inicio de la saga en 2013, que llegó arrasando y se convirtió en un fenómeno del género de terror. Con un presupuesto inicial de apenas 20 millones de dólares, la franquicia ha logrado una recaudación global de más de 2,400 millones.

¿Qué causó todo este revuelo? Simplemente el hacer algo distinto: tomar hechos reales de los Expedientes Warren, añadirles ficción y la tensión necesaria del género. Fue ahí donde se separó del formato documental para convertirse en una cinta de terror de gran nivel.

Ahora, con el reciente estreno de la cuarta entrega, surgen las preguntas: ¿realmente ha conservado la magia de la primera? ¿Es aterradora? ¿Vale la pena verla? En mi opinión, temo decir que no. Para este punto, ya contábamos con 9 películas en este universo y se habían explotado todos los recursos terroríficos posibles, convirtiendo a esta última en una combinación de todo lo que ya habíamos visto.

Aunque la premisa pretende ser nueva, hay que ser honestos: es más de lo mismo. Una familia tiene problemas demoníacos; los Warren se enteran, van, enfrentan el mal y descubren el objeto poseído, lo controlan y este termina en el museo paranormal de su casa. Es la misma fórmula, contada de manera idéntica a las entregas anteriores. Podrían haber innovado o construido una atmósfera genuina, en lugar de insertar recursos aleatorios solo porque funcionaron individualmente en el pasado.

La cinta se siente como dos historias desconectadas y tarda muchísimo en unirlas; de hecho, la película "real" parece comenzar apenas en el último cuarto de su duración.

Lo rescatable es, sin duda, las locaciones y la ambientación de época, que nos sitúan perfectamente en el tiempo. La música acompaña bien y no desentona, pero deja la sensación de que algo falta, de que queda a deber; es natural notar la diferencia con el cambio de compositor. Por otro lado, la paleta de colores es acertada y da buen énfasis a los espacios y a lo que sucede en cada escena.

Sin embargo, es notorio que la producción se enfocó en generar sustos sin sentido (jumpscares), muy lejos de la primera y segunda parte, donde crearon un ambiente en el que la más mínima intervención te ponía los pelos de punta. Como despedida de personajes tan entrañables como Lorraine y Ed Warren, se queda muy corta; tanto, que la considero uno de los mayores tropiezos de toda la saga.

 Por Fer Vázquez

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